miércoles, 10 de septiembre de 2008

EDITORIAL

LA PLAZA SAN MARTÍN

HA VUELTO A SER EL LUGAR

DE REUNIÓN DE LOS CASARENSES

Ir a la plaza dejó de ser en Casares un pasatiempo de otros tiempos. Hoy vemos que esa vieja costumbre, que naciera en nuestra ciudad en las primeras décadas de 1900, -cuando las limitaciones eran muchas y los prejuicios más, y el paseo público era el elegido de la familia-, ha vuelto a tener vigencia. Nuevamente la plaza San Martín se ve colmada de adultos y niños, de jóvenes bullangueros que juegan entre los bancos, o se congregan frente al edificio comunal trenzados en largas mateadas. De paseo entre los puestos de artesanos, en caminatas saludables, saboreando un helado, recreando el saludo y la charla breve y amigable. También transformada en escenario y anfiteatro, lugar de conciertos, estación de la cultura. Ha vuelto la plaza a ser el lugar de una remozada vuelta al perro con menos pretensiones sociales, pero con la misma calidez de otrora. El «vamos a la plaza» es la cita de los fines de semana, la oportunidad de relajar las tensiones, de practicar el ocio ingenuo, o matar la soledad sintiéndose acompañado por todos. También el de disfrutar de los primeros pasos del bebé, el comprarle pochoclos al nieto o empujar su hamaca en la pequeña aventura de sus juegos infantiles. Una plaza «de uso», dijera un arquitecto que amaba el que sus obras fueran usadas para la distracción y el entretenimiento.

El pueblo casarense ha vuelto a disfrutar la plaza. Lejos de usarla únicamente para reverenciar a nuestros próceres o celebrar acontecimientos, la vive en el uso cotidiano, convirtiéndola en el pasatiempo de este tiempo, acaso ingenuo, por qué no antiguo, pero... ¡tan lindo y vivificante!.

Claro que no se ven rostros sonrojados de niñas enamoradas, ni galanes piropeadores, ni tampoco placeros de mal humor que prohibían pisar los canteros. Pero el ritual es casi el mismo, más desenfadado y menos acartonado, zapatillas en lugar de lustrosos botines, ¡otra que piropos! , de frente march, los chicos en lugar de sonajero a jugar al pelotero, y los grandes recordando tiempos idos, que por lo visto no se han ido.