sábado, 3 de julio de 2010

EDITORIAL

MATRIMONIOS DE HOMOSEXUALES

Hay prejuicios o temor por parte de los casarenses para expresar su opinión

Un tema candente que ocupa la opinión pública nacional es el del matrimonio de parejas de homosexuales. Hay un proyecto en la legislatura, por lo tanto es materia de opinión de los políticos, también de la Iglesia que se opone férreamente, de todo el arco ideológico nacional, de intelectuales, empresarios, el hombre de la calle, generándose apasionados debates que hacen recordar cuando en 1987, durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, se votó la ley de divorcio vincular. En aquella oportunidad fueron tantas las controversias, tan acalorado el debate, que incluso se llegó a pensar en un plebiscito nacional para convocar la opinión no vinculante del pueblo en tan delicado tema. Finalmente se resolvió sin necesidad de llegar a esa situación.

Pero en Casares al parecer juegan otras cuestiones, aún por sobre que la mayoría de los ciudadanos pueda tener opinión formada y hasta se arriesgue a expresarla en forma privada, pero en cuanto a hacerla pública juegan otros factores.

EL OESTE intentó pulsar la opinión pública de la ciudadanía, consultando a referentes de todo el ámbito local, sea de la educación, de las instituciones, de la política, de la iglesia y de todo aquel ciudadano que desee expresar su opinión al respecto, siempre teniendo en cuenta las formas y la importancia del tema.

Podríamos llamarlo fracaso.

Obtuvimos la opinión de la iglesia local, pero a partir de allí todos fueron escollos. Los políticos «gambetearon» la respuesta pidiendo varios que «por esta vez» se los deje afuera de la misma. Conocidos profesionales dijeron que si bien están actualizados y siguen las alternativas del debate nacional, por ser Casares una comunidad pequeña consideran preferible no exponerse en un tema tan delicado. Hubo un empresario que comenzó a dar su opinión pero luego nos puso la mano en el grabador recordando que su esposa «es muy amiga de dos chicos que son pareja, y no le va a gustar que yo opine como pienso». Un conocido educador que jamás le mezquinó a la consulta periodística estimó que si daba a conocer lo que pensaba, muchos padres de sus alumnos podrían sentirse molestos. Incluso hasta nos sorprendió la respuesta del propietario de un concurrido comercio céntrico, que ante la consulta dijo: «Si no fueran homosexuales no intentarían casarse, lo hacen para sobresalir, ningún progre hoy habla del casamiento. No pongan mi nombre por favor».

Y sin embargo hubiera sido muy enriquecedor el debate, aún para una sociedad prejuiciosa y pacata como parece ser la nuestra, si nos atenemos al resultado de la pretendida encuesta. Conocer la opinión de nuestros ciudadanos, especialmente de aquellos comprometidos con el desarrollo y crecimiento de nuestra comunidad, hubiera sido interesante y esclarecedor para el común de los vecinos, cuya visión no contempla la suma de factores que tienen que ver con las modificaciones legales propuestas, que sin duda alguna tienen que ver con una realidad nacional y mundial.

En 1987, ante el tema del divorcio vincular se agitaron mil fantasmas y sin embargo nada sucedió.

Hoy estamos ante otra disyuntiva, tal vez más complicada, porque pondría en colisión tradiciones, lucha por los derechos, fundamentos religiosos y hasta la misma naturaleza. Pero se trata de un conflicto al fin, que debe resolverse. Aunque para ello es necesario conocer el pensamiento de todos y hacer lo más conveniente.