El Dr. Raúl Alfonsín merece que una calle, una plaza o un barrio, lleven su nombre.
Poner en discusión el prestigio, la relevancia y el respeto que los argentinos le reconocen al Dr. Raúl Alfonsín, es negar la esencia misma del pensamiento democrático. La sola oposición a que un barrio de esta ciudad lleve su nombre, desnuda la mezquindad de algunos sectores políticos que desconocen la estatura moral y política del Jefe radical que en 1983 asumió con valentía y con real vocación patriótica el advenimiento a la democracia. Usando ese criterio, nunca hubiera sido posible llamar Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Illia, Ricardo Balbín, Pascual Rampi, Juan Pecorelli o Pedro Camorati a calles y barrios de esta ciudad. Es esencial que los casarenses construyamos una convivencia armónica y pacífica basada en el respeto a nuestras ideas y convicciones. Caso contrario caeremos en el error de privilegiar los intereses políticos por sobre los verdaderos sentimientos de argentinidad, lo que nos impedirá ser justos ante el reconocimiento a los próceres que edificaron nuestra nación.
El oponerse y anteponer una consulta, que de ninguna manera es espontánea sino inducida, en la que se mezclan ciudadanos de esta ciudad, cuya trascendencia es innegable y reconocida, no es la forma para descalificar implícitamente una idea que provino de un sector político de nuestra sociedad, legitimado por una larga historia de militancia que ha logrado la adhesión de una gran parte de nuestra sociedad.
No debemos olvidar que el pueblo gobierna a través de sus representantes, y que son éstos los legítimos custodios de la voluntad popular. Siguiendo los carriles de la democracia estaremos dando un ejemplo cívico que debe perdurar por los años.
Cierto es que existen temas que por su importancia y trascendencia, dado que pueden cambiar hasta la vida de las personas, hacen necesaria la compulsa o la consulta popular, a fin de que ningún ciudadano esté privado de expresar su voluntad. No es este el caso. El Dr. Raúl Alfonsín recorrió sin tachas un largo y tortuoso camino que no supo de claudicaciones ni mezquindades. Entró en la historia por la puerta grande, y merecido es que una calle, una plaza o un barrio lleven su nombre.