sábado, 13 de septiembre de 2008

EDITORIAL

A LOS PERROS SUELTOS,

ADEMÁS DE VACUNARLOS

HAY QUE ENCERRARLOS

Con real acierto se ha puesto en marcha a nivel del municipio una campaña de vacunación antirrábica obligatoria que incluye no sólo a los perros y gatos que tienen dueño, sino a los que se encuentran en la vía pública en calidad de «callejeros». Es por lo tanto de esperar que los vecinos colaboren llevando a sus mascotas a los centros de vacunación instituidos por el municipio. La medida, lo repetimos, es acertada y contribuirá sin duda alguna a prevenir el flagelo de la rabia, como una manera de desterrarla en forma definitiva. Pero no basta con vacunar a los perros de la calle y dejarlos que continúen vagabundeando en distintos sectores de la ciudad, llegando a formar jaurías que ladran a los coches, molestan a los vecinos, hurgan en los tachos y bolsas de basura, dando lugar a quejas de todo tipo cuya destinataria es la comuna. Dichos perros vagabundos deben ser capturados y llevados al predio de la Sociedad Protectora de Animales o a cualquier otro lugar cerrado, con la alimentación y sanidad necesarias, y la seguridad de que no puedan escapar. Quien recorra las calles céntricas de la ciudad y también sectores aledaños, podrá observar la proliferación de estos animalitos, algunos en precarias condiciones de salud, hambrientos, sarnosos e incluso por momentos agresivos, que se desplazan por las calles a riesgo de ser atropellados por los vehículos. Es de destacar que algunas personas, en su afán de hacer algo por ellos, enternecidas por su situación de abandono, les arrojan alimentos, contribuyendo a que se concentren, produciéndose luego encarnizadas peleas, a la par que generan suciedad y molestias por doquier. Vacunarlos no es suficiente, hay que sacarlos de la calle, satisfaciendo así un airado reclamo de la comunidad.