Hojeando ejemplares de EL OESTE de décadas atrás, era muy común leer una columna dedicada a los viajeros. En la misma daba cuenta de que tal vecino había viajado a
Hoy, lamentablemente, es impensable que se publicite el viaje de una familia, ya sea de placer, de negocios o lo que fuere. Quienes deben ausentarse de su hogar por algún tiempo, incluso fines de semana o feriados largos, se cuidan muy bien de mencionarlo, y a quienes lo saben les piden encarecidamente que no lo comenten. ¿Por qué?. ¿Acaso porque no les gusta que los demás se enteren de que viajan?. Nada de eso, lo hacen por seguridad. La inseguridad ha modificado la idiosincrasia de los vecinos. Temen que al ser conocida su ausencia, los ladrones, siempre atentos y ocupados en saber quién está y quién no ingresen a sus domicilios y se lleven todas sus pertenencias. Por esa razón aquellos que pueden, contratan a personas para que se queden mientras ellos no están, o piden a los vecinos que estén atentos y que incluso les enciendan las luces del exterior todas las noches para que los malvivientes piensen que hay alguien en la casa. Hasta llegan al extremo de llevar consigo el dinero que tienen en la casa, cuando salen a cenar, a compartir un día de campo o a una reunión familiar.
¿Es ése el precio que hay que pagar en estos tiempos modernos?. Esta nota no tendría sentido si no fuera acompañada de una opinión, o al menos una sugerencia para evitar el temor ya generalizado de dejar la casa sola. Pero en verdad es muy poco lo que podemos aportar, ya que no hay manera de evitar el riesgo, salvo con los sistemas de prevención por todos conocidos, como las alarmas, rejas, etc. y aún así la seguridad total no existe. Lo más indicado es, sin duda alguna no mencionar que se viaja, tratando de mantener la mayor reserva. Lo que antes era una grata noticia, hoy puede ser el disparador de un problema. ¡Buen viaje!, pero chito...