¿El Tren Bala de Cristina o el Plan Larkin de Frondizi?
El promocionado tren de alta velocidad que ha encontrado tanta resistencia en la oposición y en vastos sectores del quehacer nacional, no surcará estas pampas, pero al menos sirve para comparar políticas, habida cuenta de que el interior de nuestros pueblos comenzó a agonizar cuando medio siglo atrás levantaron los ramales ferroviarios que le daban vida y progreso. Fue el tan mentado Plan Larkin, diseñado durante el gobierno de Arturo Frondizi, el que precisamente acaba de ser recordado con motivo de cumplir 50 años. Dicho plan, diseñado por el entonces Ministro de Economía Alvaro Alsogaray, contempló el levantamiento y desguase, por distintas razones, en su mayoría de tipo económico, del sistema integrado de transporte ferroviario, industria y comunicaciones. Pequeñas poblaciones rurales de menos de 2000 habitantes perdieron de pronto la espina dorsal de su existencia, el instrumento de su crecimiento y desarrollo, la comunicación con los centros urbanos, su acceso a la cultura y a la educación, el intercambio comercial y la vía más idónea para el traslado de la producción. Poco a poco fueron integrando la lista de pueblos en extinción, hoy muchos de ellos “pueblos fantasmas”, que sólo conservan unas pocas casas en pie, algún que otro habitante, escuelitas despobladas y el recuerdo de lo que alguna vez fueron y que jamás volverán a ser. Casares, o mejor dicho el interior casarense, es un ejemplo de las tremendas secuelas que aquella política de gobierno causó a las pequeñas poblaciones rurales. Aquellos no eran trenes bala ni volaban como un rayo por las vías a más de
Queremos, buenas rutas y autopistas que eviten el cúmulo de accidentes, y también un tren bala, ¿por qué no?, que comunique está rica porción de nuestro país con los centros urbanos. ¿Por qué no tener una visión de futuro que nos iguale a países del primer mundo?.