miércoles, 7 de mayo de 2008

EDITORIAL

¿El Tren Bala de Cristina o el Plan Larkin de Frondizi?

El promocionado tren de alta velocidad que ha encontrado tanta resistencia en la oposición y en vastos sectores del quehacer nacional, no surcará estas pampas, pero al menos sirve para comparar políticas, habida cuenta de que el interior de nuestros pueblos comenzó a agonizar cuando medio siglo atrás levantaron los ramales ferroviarios que le daban vida y progreso. Fue el tan mentado Plan Larkin, diseñado durante el gobierno de Arturo Frondizi, el que precisamente acaba de ser recordado con motivo de cumplir 50 años. Dicho plan, diseñado por el entonces Ministro de Economía Alvaro Alsogaray, contempló el levantamiento y desguase, por distintas razones, en su mayoría de tipo económico, del sistema integrado de transporte ferroviario, industria y comunicaciones. Pequeñas poblaciones rurales de menos de 2000 habitantes perdieron de pronto la espina dorsal de su existencia, el instrumento de su crecimiento y desarrollo, la comunicación con los centros urbanos, su acceso a la cultura y a la educación, el intercambio comercial y la vía más idónea para el traslado de la producción. Poco a poco fueron integrando la lista de pueblos en extinción, hoy muchos de ellos “pueblos fantasmas”, que sólo conservan unas pocas casas en pie, algún que otro habitante, escuelitas despobladas y el recuerdo de lo que alguna vez fueron y que jamás volverán a ser. Casares, o mejor dicho el interior casarense, es un ejemplo de las tremendas secuelas que aquella política de gobierno causó a las pequeñas poblaciones rurales. Aquellos no eran trenes bala ni volaban como un rayo por las vías a más de 300 km. de velocidad. Pero en cambio llevaban progreso, transportaban riqueza, generaban vida. Hoy las estaciones pasaron a manos particulares, están abandonadas o son comercios, las vías fueron fundidas, los durmientes hechos leña y los terraplenes arados. Claro que antes de un Tren Bala sería preferible reconstruir lo destruido, arreglar los ramales que hoy funcionan tan mal, y proporcionar a los sufridos usuarios servicios “decentes” y no meros transportes de hacienda en los que ni siquiera podría viajar la hacienda. ¿Por qué no hacer todo, el Tren Bala y el mejoramiento integral de todo el sistema ferroviario nacional?. Basta con recordar la polémica desatada cuando durante el gobierno militar del entonces Intendente de facto de Buenos Aires, Gral. Cacciatore, fueron construidas las autopistas que surcan hoy la Capital. Se decía que eran antieconómicas, que no iban a ser usadas, que antes debían arreglarse otras rutas, calles y arterias importantes de la ciudad. Era el modernismo, y el tiempo demostró la necesidad e importancia de la obra. ¿El Tren Bala o el Plan Larkin de Frondizi?. El primero sabemos que es un salto a la modernidad, el que obviamente debe ir acompañado de la actualización y mejorado de todo el sistema ferroviario actual. En cambio el segundo no sólo dejó vías muertas, sino que fue un mazazo a pueblos florecientes y autosuficientes a los que de buenas a primeras los desconectaron del mundo. Pensaron con los bolsillos, cual si administraran una empresa y decidieran anular servicios porque daban pérdida. Se olvidaron de la gente, y ese es uno de los peores males de nuestros políticos.

Queremos, buenas rutas y autopistas que eviten el cúmulo de accidentes, y también un tren bala, ¿por qué no?, que comunique está rica porción de nuestro país con los centros urbanos. ¿Por qué no tener una visión de futuro que nos iguale a países del primer mundo?.