Con frecuencia, al ocuparnos de la crónica policial observamos que son muchas las personas, hombres, en la generalidad de los casos, a los que por repetidos sucesos de violencia familiar se les dicta una orden judicial de restricción de acceso al hogar, por la cual no pueden acercarse al hogar conyugal hasta determinada cantidad de metros. Dicha orden suele ser desobedecida en muchas oportunidades, repitiéndose los hechos violentos, de los cuales con frecuencia son testigos los hijos de dichas parejas, con las consecuencias previsibles que afectan su conducta, también su rendimiento escolar, y yendo más allá, insiden en su desarrollo normal. Nos decía una fuente judicial consultada que dichas órdenes si bien son frecuentes, se las formula a fin de prevenir hechos no deseados de los cuales en Casares se han dado trágicos ejemplos. «Se prefiere pecar por exceso, y no que ocurran situaciones que luego debamos lamentar» nos decía la fuente de referencia, que a su vez acotaba que dichas restricciones se aplican indistintamente a parejas que viven en concubinato como así también a otras cuya unión es legal.
La violencia familiar es una problemática a nivel nacional que se repite a nivel local, convirtiéndose en un serio problema social casarense. Pero son más los casos que no llegan al ámbito judicial, que aquellos que se ventilan a través de las denuncias formuladas por las mismas víctimas, cansadas ya de vejámenes y humillaciones. Otras mujeres en cambio conviven con la violencia resignadas a ser objetos de la brutalidad y el mal trato, viendo como sus hijos crecen en medio de un ambiente nocivo y dañino, al extremo que hasta puede llegar a parecerles normal y corriente.
Debe nuestra sociedad articular las formas para detectar y ayudar a aquellas familias en las que la violencia ha formado parte de la convivencia entre las parejas, intentando encontrar las razones que los han llevado a vivir en un medio adverso y violento que solo conduce a la degradación de la familia.
La aplicación de la ley puede prever o corregir una situación de familia irregular, alejando a los cónyuges, pero de manera alguna recomponerla o encausarla hacia la continuidad de la pareja, a fin de evitar la disolución de la familia. Hace falta crear espacios a los que puedan acudir las personas en conflicto, en los cuales reciban el soporte espiritual y el apoyo profesional que necesitan.