Encontró un fajo de dólares en una bota
La gente no sabe donde guardar sus ahorros. Algunos los entierran, otros los acuchan en los lugares más inverosímiles, a tal punto de que eligen la mochila de un inodoro, o entre los pliegues de la ropa en los placares o roperos, y hasta en el interior de los zapatos o botas.
Algo así es lo que hizo una vecina, la que guardó sus ahorros en dólares en una bota usada, y por un olvido fatal llevó esa bota a vender a una feria americana céntrica de nuestra ciudad. Allí estuvo ese pequeño tesoro en medio de otras ropas y calzados, hasta que otra vecina de esta ciudad, que se desempeña de mucama en una vivienda céntrica, cuyo nombre reservamos a pedido de quien nos hizo el relato, fue a dicha feria porque necesitaba unas botas. Encontró una que le gustaba, cuyo precio era de 150 pesos, y se las probó. Primero un pie y cuando fue a ponerse la otra había algo en el interior que le impedía hacerlo. Metió la mano y sacó un fajo de billetes de 50 y 100 dólares por una suma que podría oscilar en los 5000 dólares. Extrañada, la mujer -según su relato- se los mostró a la dueña del local, y ésta se los arrebató diciéndole que le correspondían. «Al menos no me tendría que cobrar las botas» le habría dicho la compradora, pero la propietaria del negocio fue inflexible, cobrándole los 150 pesos que valían.
¿DE QUIÉN SERÍAN?
Queda por saber quién sería la dueña de las botas que fue a venderlas a esa feria americana sin recordar que en su interior estaba toda esa plata, fruto seguramente de sus ahorros, o de los de algún familiar que eligió ese escondite. El pequeño tesoro cambió de manos, y como reza el famoso dicho: «ahora andá a cantarle a Gardel».