sábado, 10 de julio de 2010

Los casarenses leen cada vez menos los diarios de la Capital

LA PELEA QUE MANTIENEN CON EL GOBIERNO LES HIZO CAER LAS VENTAS

En poco más de un año los diarios de la Capital, en especial Clarín y La Nación venden en Carlos Casares entre un 20 y un 25% menos de ejemplares. En cambio El Popular aumentó su venta en alrededor del 15%.

Si bien las razones pueden ser diversas, se estima que la caída en la venta de dichos medios, que se produjo en todo el país, tiene que ver con un antes y un después del conflicto del campo con el gobierno. A partir de allí Clarín y La Nación han mantenido con el gobierno nacional una pelea encarnizada, constante y rabiosa, al límite de que dedican todas sus tapas y páginas enteras en el interior de sus ediciones, a combatir a la presidenta Cristina, a su esposo Néstor Kirchner y a funcionarios de su gobierno, por lo general con temas que no hacen al interés de los lectores, que en rigor a la verdad, le asignan una credibilidad relativa, por lo que antes de soportar esa verdadera catarata de críticas lanzadas desde sectores en pugna, optan por prescindir de la lectura diaria de dichos matutinos.

El gobierno los combate en otros aspectos, y también sin piedad, pero desde otros ámbitos, por lo que no compromete en esa pelea el bolsillo de los ciudadanos.

MUY POCOS

LOS LEEN

En Casares hace más de un año se vendían estimativamente por día 350 diarios (Clarín, La Nación y El Popular), y los domingos 710 diarios. Ahora la cifra diaria alcanza a los 250 diarios de lunes a sábado y 600 los domingos, lo que refleja una merma en las ventas que orilla el 25% y en casos más. Considerando la cantidad de habitantes que tiene Casares queda en claro que muy pocos vecinos leen los diarios capitalinos, y cada vez son menos.

El Oeste, en cambio (y esto lo pueden atestiguar agencias y kioscos), no ha bajado la venta ni un solo diario, y respecto a los de la capital, los supera por escándalo.

Por citar un ejemplo hace días que Clarín y La Nación se ocupan de los problemas con Venezuela, de la embajada paralela, de las declaraciones de un ex-embajador, etc., etc. Temas que interesan a un segmento reducido de sus lectores, con titulares más importantes incluso que los del Mundial Sudáfrica 2010. Las páginas interiores están también tapizadas de críticas de todo calibre, dejando al desnudo que más que una labor periodística pareciera llevarse a cabo una disputa de intereses, y eso al lector no le interesa. Es más, lo harta. En el periodismo eso se llama «objetivo único», golpear, golpear y golpear a la búsqueda del consenso. Pero cuando los lectores terminan siendo rehenes involuntarios de esa riña, es cuando pierden la venta, y eso es lo que ha ocurrido.